Introducción
La nutrición, el ejercicio y el tratamiento médico son los pilares básicos en los cuales debe apoyarse el tratamiento de esta patología crónica. El monitoreo de la glucemia, la hemoglobina glicosilada, lípidos, presión sanguínea y función renal son esenciales para evaluar el estado nutricional del paciente y su progreso. El objetivo principal de toda terapia nutricional para la diabetes es lograr un mejor control metabólico a través de cambios en el estilo de vida (actividad física) y en los hábitos alimentarios.
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Etiología y Patofisiología de la Diabetes Tipo II
Esta forma de diabetes es la más común y es la responsable de aproximadamente el 90% de los casos de diabetes en la mayoría de las poblaciones. En su etapa inicial es muchas veces asintomática y puede pasar inadvertida por varios años antes de ser diagnosticada. Es una patología con un alto componente hereditario y causas multifactoriales. A pesar de ser una enfermedad genéticamente heterogénea, al desarrollarse totalmente, las alteraciones en las vías metabólicas son comunes en la mayoría de los pacientes; siendo los órganos más afectados los islotes pancreáticos, el hígado y tejidos periféricos como el músculo esquelético y el tejido adiposo que presentan resistencia a la insulina. Hay tres defectos del metabolismo que caracterizan a la enfermedad: resistencia a la insulina, defectos en la secreción de la insulina que no es mediado por la autoinmunidad, y un incremento en la producción de glucosa por parte del hígado. El origen de estos defectos y por lo tanto, la causa de la diabetes tipo II, permanece desconocida.
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Importancia del Tratamiento Nutricional
El tratamiento nutricional es de gran importancia, al igual que la actividad física. El énfasis debe estar en lograr los niveles adecuados de glucemia, lípidos, y presión sanguínea. Son muchos los estudios clínicos que han demostrado la efectividad de la dieta y el ejercicio en la prevención de la diabetes tipo II, en individuos de alto riesgo. Los estudios también muestran que pequeñas perdidas de peso mejoran el metabolismo de la glucosa. La hiperglucemia crónica, que se produce en los que sufren esta enfermedad, se asocia con daños a largo plazo, disfunción, y fallas en varios órganos, especialmente los ojos, riñones, nervios, corazón, y vasos sanguíneos. Los individuos que padecen de diabetes tipo II, tienen una mayor probabilidad de presentar dislipemias, hipertensión y obesidad.
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Requerimientos Calóricos
La Asociación Americana de la Diabetes (A.D.A.), recomienda una restricción moderada de las calorías, entre 250 - 500 Kcal. menos que el promedio de la ingesta diaria, calculada a partir de la alimentación habitual del sujeto; además de un plan de alimentación equilibrado y armónico, con una reducción de la grasa total y particularmente de la grasa saturada (Recomendado también por la American Heart Association). Estos cambios en la dieta deberían estar acompañados por un incremento en la actividad física. Cuando se utilizan dietas hipocalóricas, se estabiliza la glucemia y hay una mayor sensibilidad a la insulina; aunque no se produzca pérdida de peso. Una pérdida de peso de entre 5-9 kilos, demostró reducir la incidencia de dislipemias, hiperglucemia e hipertensión. Una distribución más amplia de las comidas (distribuyendo los nutrientes y particularmente los carbohidratos) a lo largo del día es otra estrategia a utilizar.
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Macronutrientes
La Asociación Americana de la Diabetes recomienda una ingesta proteica de entre 10-20% del V.C.T. (Valor Calórico Total) para los individuos que padecen diabetes, debido a que no hay suficiente evidencia científica para recomendar ingestas mayores o menores que el promedio para la población general. El tipo de proteína puede ser de origen animal o vegetal en forma indistinta. Cuando se presenta una nefropatía, es prudente reducir la ingesta proteica. Generalmente se recomienda un consumo de 0,8 grs. de proteínas por Kg de peso por día en los pacientes diabéticos con nefropatía instalada; aunque cuando el índice de filtrado glomerular (GFT - Glomerular Filtration Rate) comienza a descender, una reducción a sólo 0,6 grs. de proteínas por Kg de peso por día demostró retardar el descenso del índice de filtrado glomerular. El aporte de grasas saturadas no deberá superar el 10% del V.C.T., siendo menor o igual a 10% del V.C.T. el aporte de ácidos grasos poliinsaturados. Quedaría un 60-70% del V.C.T. disponible, que será necesario cubrir con hidratos de carbono y ácidos grasos monoinsaturados. El aporte de grasas e hidratos de carbono deberá regularse de acuerdo a los objetivos prioritarios y las características particulares del paciente. Si el sujeto posee un peso adecuado y no presenta dislipemia, se recomienda consumir < 30% V.C.T. de grasas, de las cuales: < 10% deben ser saturadas, < 10% poliinsaturadas y 10-15% monoinsaturadas. Si por el contrario, existe una dislipemia, se recomienda bajar el consumo de grasas saturadas a 7% del V.C.T. y la ingesta de colesterol a < 200 mg por día. Si la reducción de peso es uno de los objetivos, se podría pensar en una reducción en el porcentaje de grasas. Cuando el problema está dado por los altos niveles de triglicéridos y VLDL, se puede intentar un aumento moderado de las grasas monoinsaturadas, grasas saturadas < 10% del V.C.T. y una cantidad más moderada de hidratos de carbono. Por último, en individuos con niveles de triglicéridos mayores a 1000 mg/dl, será necesario reducir la grasa total (menos del 10% del V.C.T.) además de la posible incorporación de un tratamiento con fármacos, para reducir el riesgo de pancreatitis. Con relación a los hidratos de carbono, por mucho tiempo se creyó que los azúcares simples debían ser evitados; esto puede ser debido a la creencia de que, al ser más rápidamente digeridos y absorbidos, elevan aún mas la glucemia que los almidones. Esta teoría tiene muy poco sustento científico. Se ha demostrado que la papa y el pan blanco, por ejemplo, producen un aumento de la glucemia similar al que produce la sacarosa; mientras las frutas y la leche tienen menor efecto en el aumento de la glucemia que la mayoría de los almidones. Es por este motivo que se debe hacer hincapié en la cantidad total de hidratos de carbono y no en la fuente de la cual provienen. La fructosa de la dieta produce una menor elevación de la glucemia que la sacarosa y la mayoría de los almidones, pero debido a sus posibles efectos adversos sobre los niveles de colesterol sérico y colesterol LDL, cuando es consumida en altas cantidades (20% del V.C.T.), la Americana Diabética Asociación recomienda moderar su consumo. Los alcoholes del azúcar (polioles) como el xilitol y el sorbitol, producen una respuesta glucémica menor que la sacarosa y muchos almidones. Poseen aproximadamente 2 Kcal por gramo y pueden ser usados en pacientes diabéticos, teniendo en cuenta que en altas dosis podrían llegar a tener un efecto laxante. Se recomienda un consumo de fibras igual al de la población general, es decir de 20-35 grs. de fibra soluble e insoluble. Aunque determinados tipos de fibras solubles son capaces de impedir la absorción de glucosa por parte del intestino delgado, con las cantidades consumidas en la dieta normal, el impacto en la glucemia es probablemente insignificante. Por último, con respecto al alcohol, se aplicarán las mismas precauciones que se aplican para la población general. El alcohol si es ingerido fuera de las comidas, puede provocar hipoglucemia, por lo que se aconseja consumirlo siempre junto con la comida. Si se usa moderadamente y junto con las comidas, no provoca grandes variaciones en la glucemia.
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Micronutrientes
Generalmente no hay necesidad de utilizar suplementos de vitaminas y minerales, cuando la ingesta dietaria es la correcta. Se sabe que el Magnesio juega un papel importante en la resistencia a la insulina, la intolerancia a los hidratos de carbono y la hipertensión, sin embargo, sólo se recomienda examinar los niveles de este mineral en pacientes con alto riesgo de padecer deficiencia.
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Bibliografia
- "Nutrition Recommendations and Principles for People With Diabetes Mellitus", Position Statement, American Diabetes Association, Diabetes Care, Volume 23, Supplement 1, Clinical Practice Recommendations 2000.
- "Diabetes Mellitus: Challenges and Opportunities Final Report and Recommendations - Etiology and Pathophysiology of Type 2 Diabetes", Co-Chairs: Jerrold M. Olefsky, M.D., and Kenneth S. Polonsky, M.D., NIH - www.nih.gov, 1997.
- "FY2000 Program Plan - Research Progress Reviews", Richard Eastman M.D., Division of Diabetes, Endocrinology and Metabolic Diseases, February 2000 Council.
- "Screening for Type 2 Diabetes", Position Statement, American Diabetes Association, Clinical Diabetes, Vol. 18, No 2,Spring 2000.
- "The Natural History of Type 2 Diabetes: Practical Points to Consider in Developing Prevention and Treatment Strategies", Barbara A. Ramlo-Halsted, MD, and Steven V. Edelman, MD, Clinical Diabetes, Vol. 18, No. 2, Spring 2000.
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