¿El cerebro responde al ritmo que nos ejercitamos?

Publicado el 03 de febrero de 2020


Tan opuestas como complementarias, la razón y la emoción conviven en el cerebro humano y se disputan terreno sobre su vecina cada vez que un estímulo externo las despabila. Dirá la psicología que existen "personalidades" más emocionales que otras, y que la racionalidad no funciona igual en todas los individuos. En tanto, desde el punto de vista de la ciencia, el por qué de las respuestas tan distintas a eventos similares, también tendría relación con las acciones físicas de cada uno.

En ello, mantener una actitud sedentaria o una rutina activa de ejercicio, sería lo que marca la diferencia en la actividad cerebral. Palabras más palabras menos, es lo que define un estudio del Hospital Universitario de Bonn, en Alemania, donde refieren que la intensidad con la que una persona realiza actividad física​, define qué parte del cerebro se pone en funcionamiento.

Para los investigadores, el ejercicio de baja intensidad desencadena redes cerebrales involucradas en el control de la cognición y el procesamiento de la atención, mientras que el ejercicio de alta intensidad activa principalmente las que involucran el procesamiento afectivo y emocional. Algo así como que las emociones nos corren y los pensamientos caminan por nuestra cabeza, a un ritmo más pausado y atento que el del torrente afectivo.

Las mediciones se llevaron a cabo utilizando imágenes de resonancia magnética funcional en estado de reposo (Rs-fMRI), una técnica no invasiva que permite estudiar la conectividad cerebral.

"Estos novedosos métodos nos permitió 'mirar' directamente en el cerebro, y comprender los cambios dinámicos en la estructura y función del cerebro asociados con la transición de un estilo de vida sedentario, a un estilo de vida saludable", mencionó Angelika Schmitt, una de las autoras y parte del equipo del Departamento de Radiología de Bonn.

Podría decirse entonces, que una carrera y una caminata son tan complementarias como la razón y la emoción, ya que cada una de estas actividades moviliza un circuito distinto en nuestra mente. Fue un grupo de atletas quienes se sometieron a ambas actividades, alternadas en días separados y realizadas durante un término de 30 minutos sobre una cinta de correr, los que permitieron dar con este hallazgo.

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