El consumo de alimentos ultraprocesados podría multiplicar por tres el riesgo de fragilidad en los ancianos

Publicado el 07 de julio de 2020


La ingesta de alimentos ultraprocesados, se ha asociado con el desarrollo de enfermedades crónicas, factores de riesgo metabólico (obesidad, colesterol elevado, hipertensión), cáncer y mayor mortalidad. Este nuevo trabajo se centró la evaluación del impacto del consumo de estos alimentos ultraprocesados, entre los que se encuentran los refrescos, snacks, galletas, dulces, helados, pizzas industriales, sopas instantáneas, carnes procesadas, etc., en la aparición de fragilidad en personas de edad avanzada.

En este estudio, los investigadores llevaron a cabo un seguimiento durante 3,5 años a 1822 individuos de más de 60 años pertenecientes a la cohorte Seniors-ENRICA I, representativa de la población de adultos mayores en España. A lo largo de este período, un total de 132 desarrollaron síndrome de fragilidad.

En la población estudiada, los investigadores habrían constatado que la contribución media de los alimentos ultraprocesados a la ingesta de energía total fue del 19,3%.

“Los resultados de este estudio permitieron determinar que los adultos mayores que tenían mayor ingesta de energía procedente de alimentos ultraprocesados presentaban un riesgo hasta 3 veces mayor de desarrollar síndrome de fragilidad que aquellos con menor consumo de estos productos”, señala Pilar Guallar, una de las coordinadoras de esta investigación.

El consumo de alimentos ultraprocesados en los adultos mayores se habría asociado sobre todo a la pérdida de peso no intencional y a lenta velocidad de la marcha, que son dos de los componentes del síndrome de fragilidad.

Entre los productos que más se asociaron al desarrollo de fragilidad se encuentran los lácteos ultraprocesados (azucarados, endulzados y saborizados), las galletas, pasteles y bollerías, así como los zumos y jugos industriales. Como ya se había visto anteriormente, la asociación con la pérdida de función en los ancianos fue mayor para los alimentos con azúcares añadidos durante su producción.

El síndrome de fragilidad del anciano es un estado de disminución de la reserva funcional que lleva a un estado de especial vulnerabilidad de los adultos mayores ante presencia de factores de estrés sobre su salud, incluso aunque estos sean menores, como un catarro, una diarrea, una deshidratación o fiebre. El sustrato fisiopatológico de la fragilidad es la sarcopenia (disminución de la masa muscular) que en las personas mayores aparece debido a alteraciones en la regulación endócrina, la anorexia propia de la edad, la malnutrición crónica, o la infiltración grasa del músculo, etc. La fragilidad del anciano se asocia con frecuencia a discapacidad, hospitalización y muerte.

Sin embargo, la fragilidad es un síndrome potencialmente reversible, a través de la actividad física y de una dieta saludable. En este sentido, los investigadores enfatizan que “estos resultados refuerzan la necesidad de promover el consumo de alimentos frescos o mínimamente procesados y evitar los ultraprocesados en la dieta de las personas mayores”.

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