Lo dice la ciencia: cuanto menos dormimos, peor comemos

Publicado el 18 de diciembre de 2018


El estudio analiza cómo el cansancio puede activar las áreas del cerebro relacionadas con el apetito, y las hormonas que nos dicen cuándo estamos hambrientos.

Los investigadores reclutaron a 32 hombres jóvenes de entre 19 y 33 años y les dieron a todos la misma cena de pasta y venado, junto con una manzana y un yogur de fresa. A continuación, los participantes fueron divididos en dos grupos: uno se fue a casa con un aparato que registra las horas de sueño, y los otros se quedaron en el laboratorio toda la noche con diversas actividades para que no se durmiesen.

Al día siguiente, se les realizaron pruebas de azúcar en la sangre y sobre las hormonas que vinculan el estrés al apetito. Además, se les presentó un juego en el que ante diferentes imágenes de comida basura, como chocolatines, y objetos que no se pueden comer como sombreros, de modo que valorasen cuánto estarían dispuestos a pagar por ellos en una escala de entre cero y tres euros.

Los resultados mostraron cómo la falta de sueño aumentaba el valor subjetivo de la comida respecto a objetos no alimenticios, y las imágenes neuronales revelaron un mayor actividad en un circuito que implica a la amígdala, que controla el comportamiento que busca la recompensa, y el hipotálamo, vinculado con el apetito.