- Publicado el 18 de enero de 2022

Masticar despacio los alimentos podría ayudar a aumentar el gasto energético y prevenir la obesidad

Masticar despacio los alimentos podría ayudar a aumentar el gasto energético y prevenir la obesidad

El proceso de masticación mejora el gasto energético asociado al metabolismo de los alimentos y aumenta la motilidad intestinal, lo que se traduce en un aumento de la termogénesis inducida por la dieta (TID). Sin embargo, aún no estaría claro cómo la masticación prolongada induce TID en el cuerpo.

Un estudio elaborado por la Universidad de Waseda (Japón) habría revelado que los estímulos orales relacionados con la duración de la degustación de alimentos líquidos en la boca y la duración de la masticación, juegan un papel relevante en el aumento del gasto de energía después de la ingesta de alimentos. El estudio ha sido elaborado por Yuka Hamada y Naoyuki Hayashi de la Universidad de Waseda.

"No estábamos seguros de si el tamaño del bolo alimenticio que entraba en el tracto digestivo contribuía al aumento de la TID observado después de comer lentamente, señala el profesor Hayashi. Además, ¿los estímulos orales generados durante la masticación prolongada de los alimentos desempeñan algún papel en el aumento de la TID? Para definir la masticación lenta como una estrategia eficaz y científica de control de peso, debíamos profundizar en estos aspectos".

Para encontrar las respuestas, los investigadores diseñaron su nuevo estudio para excluir el efecto del bolo alimenticio al incluir alimentos líquidos. El estudio completo incluyó tres ensayos llevados a cabo en días diferentes. En la prueba de control, pidieron a los voluntarios que tragaran normalmente 20 ml de comida líquida de prueba cada 30 segundos.

En la segunda prueba, los voluntarios mantuvieron el mismo alimento en la boca durante 30 segundos sin masticar, lo que les permitió saborearlo durante más tiempo antes de tragarlo. Por último, en el tercer ensayo se estudió el efecto tanto de la masticación como de la degustación; los voluntarios masticaron el alimento de prueba de 20 mL durante 30 segundos con una frecuencia de una vez por segundo y luego lo tragaron.

Las variables como hambre y saciedad, variables de intercambio gaseoso, TID y circulación esplácnica fueron controladas antes y después del consumo para evaluar las diferencias.

Los resultados de este estudio resultaron ser bastante esclarecedores. No hubo diferencias en las puntuaciones de hambre y saciedad entre los ensayos. Sin embargo, como informa Hayashi, "descubrimos que la TID o producción de energía aumentaba después de consumir una comida, y aumentaba con la duración de cada estimulación del sabor y la duración de la masticación. Esto significa que, independientemente de la influencia del bolo alimenticio, los estímulos orales, correspondientes a la duración de la degustación de la comida en la boca y la duración de la masticación, aumentaron la TID".

Esta investigación destaca que masticar bien, al aumentar el gasto energético, podría ayudar a prevenir la obesidad y el síndrome metabólico. 

Hayashi concluye que “si bien la diferencia en el gasto de energía por comida es pequeña, el efecto acumulativo acumulado durante múltiples comidas, todos los días y los 365 días del año, es sustancial”.