Modificaciones en el estilo de vida podrían reducir el riesgo de padecer enfermedad renal crónica

Publicado el 08 de septiembre de 2020


Alrededor del 10 por ciento de la población mundial sufre algún tipo de enfermedad renal crónica. Se estima que en el año 2017, más de 1,2 millones de personas murieron como resultado directo de su enfermedad renal y 1,4 millones por culpa de complicaciones cardiovasculares derivadas de la reducción de la función renal.

A pesar de estas alarmantes cifras, no existe a la fecha una guía clara basada en evidencias que asesore a la población sobre qué cambios en el estilo de vida podrían ayudar a prevenir la enfermedad renal. El asesoramiento actual a los pacientes se basa en cómo prevenir otras dolencias, como la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, que se consideran causas importantes de daños renales.

Un equipo de investigadores liderado por Juan Jesus Carrero, del Instituto Karolinska en Suecia, y Jaimon Kelly, de la Universidad Griffith en Australia, habría descubierto que el estilo de vida podría influir de manera importante en el grado de riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica y habría obtenido suficientes datos como para poder hacer varias recomendaciones sobre el estilo de vida capaces de reducir el riesgo de una persona de desarrollar enfermedad renal crónica.

 El estudio recientemente publicado, se hizo sobre datos de más de 2,5 millones de personas sanas de 16 países. De particular interés para los investigadores fueron los efectos de la dieta, el ejercicio físico, el tabaco y el alcohol en relación al riesgo de desarrollar problemas renales.
 
A partir de los datos obtenidos, los autores sugieren que debería aconsejarse una dieta con mayor cantidad de verduras, un mayor consumo de potasio, más ejercicio físico, menor consumo de alcohol, menor consumo de sal y el cese del hábito tabáquico. El cumplimiento de estas recomendaciones podría reducir el riesgo de enfermedad renal crónica en un porcentaje de entre el 14 y el 22 por ciento.

Los autores señalan que sus recomendaciones se aplican a las personas sanas que corren riesgo de desarrollar problemas renales, y que las personas que ya padecen enfermedades renales deben seguir otras recomendaciones, indicadas por su profesional de la salud.

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