Leche y salud

Publicado el 06 de julio de 2020


La leche de vaca incluye una combinación compleja de macronutrientes, micronutrientes y factores de promoción del crecimiento que pueden contribuir a la nutrición del ser humano; sin embargo, todos estos nutrientes pueden obtenerse de otras fuentes (como ha sido el caso en muchas sociedades tradicionales con baja ingesta histórica de productos lácteos).

Para adultos, la evidencia general no avala el alto consumo de productos lácteos para la reducción de fracturas, que ha sido una justificación principal para las recomendaciones actuales de Estados Unidos. Además, el consumo total de lácteos no se ha relacionado claramente con el control del peso o con el riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular.

El alto consumo de productos lácteos es probable que aumente el riesgo de cáncer de próstata y posiblemente de cáncer de endometrio pero reduce el riesgo de cáncer colorrectal.

Es importante observar que los efectos de los lácteos en la salud dependen fuertemente de los alimentos o bebidas específicos con los que se les compara; para muchos resultados, los productos lácteos se comparan favorablemente con la carne roja procesada o las bebidas azucaradas pero menos favorablemente con fuentes de proteínas vegetales como las nueces. Además, no hay un beneficio claro de consumir lácteos bajos en grasa sobre los lácteos enteros.

Los efectos del consumo de leche de vaca en los niños son menos claros debido a los mayores requerimientos nutricionales de los mismos para el crecimiento, y los datos son más limitados. Si la leche materna no está disponible, la leche de vaca puede ser un valioso sustituto en la primera infancia. La leche promueve la velocidad de crecimiento y una mayor altura alcanzada, lo que confiere riesgos y beneficios.

La mayor densidad de nutrientes de la leche puede ser particularmente beneficiosa en regiones donde la calidad general de la dieta y la ingesta de energía se ven comprometidas. Sin embargo, en poblaciones con una nutrición generalmente adecuada, el alto consumo de leche puede aumentar el riesgo de fracturas posteriores en la vida, y la asociación de la mayor talla con el riesgo de cáncer sigue siendo una preocupación.

Para la opinión de los autores, la recomendación actual de aumentar en gran medida el consumo de productos lácteos a 3 o más porciones por día no parece estar justificada. La ingesta óptima de leche para una persona individual dependerá de la calidad de la dieta en general.

Si la calidad de la dieta es baja, especialmente en niños en ambientes de bajos ingresos, los productos lácteos  pueden mejorar la nutrición, mientras que si la calidad de la dieta es alta, el aumento de la ingesta es poco probable que proporcione beneficios sustanciales pero si podría provocar daños.

Cuando el consumo de leche es bajo, los dos nutrientes de preocupación principal, el calcio y la vitamina D (que es de particular interés en latitudes más altas),120 se pueden obtener de otros alimentos o suplementos sin las posibles consecuencias negativas de los productos lácteos.

Para el calcio, fuentes dietéticas alternativas incluyen kale, brócoli, tofu, nueces, porotos y jugo de naranja fortificado11,121; para la vitamina D, los suplementos pueden proporcionar una ingesta adecuada a un costo mucho menor que la leche fortificada.

Abogando por investigación adicional, las guías sobre leche y productos lácteos equivalentes idealmente deberían designar una ingesta aceptable (como de 0 a 2 porciones por día para adultos), enfatizar sobre la leche baja en grasa como preferible a la leche entera, y desalentar el consumo de productos lácteos endulzados con azúcar en poblaciones con altas tasas de sobrepeso y obesidad.

Fuente: Intramed

Para más información: https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=95902

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