COVID-19 y estado nutricional

Publicado el 03 de noviembre de 2020


La enfermedad por coronavirus ha alcanzado el estado de pandemia al propagarse velozmente a nivel mundial. Las personas mayores y los pacientes con comorbilidades, entre las que se destacan la obesidad, la diabetes y la hipertensión arterial, muestran riesgo de hospitalización y mortalidad mayores debido a la infección por SARS-CoV-2. Estos pacientes mostrarían una secreción exacerbada de citocinas proinflamatorias asociadas con una reacción excesiva del sistema inmunológico, lo que habitualmente se denomina como “tormenta de citocinas”. Esta reacción inmunitaria defensiva podría ser potencialmente mortal y consiste en una retroalimentación positiva entre las citocinas y las células inmunitarias, con un gran número de citocinas.

El estado nutricional representa un papel fundamental en el desenlace de diferentes enfermedades infecciosas. Hoy en día sabemos que el sistema inmunológico se ve afectado por situaciones de malnutrición, lo que conlleva una disminución de las respuestas inmunológicas y con ello, el consiguiente incremento del riesgo de infección y de la gravedad de la enfermedad. La composición corporal, principalmente una baja masa magra y una elevada adiposidad, se ha vinculado con el empeoramiento del pronóstico en diversas enfermedades.

La obesidad y las comorbilidades relacionadas están asociadas con alteraciones fisiológicas que conllevan una mayor susceptibilidad a la infección, a la patogenicidad y a la transmisión de COVID-19. Entre estas alteraciones son podemos encontrar entre las más importantes a las siguientes: un estado crónico proinflamatorio (incremento de la IL-6, TNF-alfa, IL-1beta), alteración de la producción de IFN, estrés oxidativo, sarcopenia, disfunción endotelial, incremento de la expresión de ACE2 en el tejido adiposo, alteraciones de la microbiota y resistencia a la insulina. Estas alteraciones asociadas a la “tormenta de citocinas”, implican una disminución de la respuesta inmune, eventos trombóticos, que el tejido adiposo se convierta en reservorio del SARS-CoV-2 así como un aumento de su virulencia y una difusión más rápida de dicha enfermedad.

La pandemia por COVID-19 supone un gran desafío para los países y sistemas de salud a nivel mundial. Teniendo en consideración que en la actualidad no existiría un tratamiento terapéutico específico y aún no se dispone de vacuna, los países están tomando medidas para contener la propagación de este virus. Estas medidas repercuten sobre diversas cuestiones, siendo una de las de mayor importancia el distanciamiento físico.

Los cambios en los hábitos alimenticios y en factores relacionados con el estilo de vida, debido al confinamiento y al aislamiento social, pueden conducir a un deterioro del estado nutricional. La obesidad y sus comorbilidades están asociadas con alteraciones fisiológicas que predisponen a una mayor susceptibilidad a la infección, de la patogenicidad y de la transmisión por COVID-19. Se aconseja que los profesionales sanitarios recomienden a las personas modificar su estilo de vida a fin de disminuir los riesgos tanto de la actual como en las posibles próximas olas de COVID-19.

En conclusión, los hábitos saludables tienen gran importancia no solamente para asegurar una respuesta inmunológica óptima, sino para prevenir y tratar la desnutrición, la obesidad y las comorbilidades relacionadas con COVID-19. La nutrición debería considerarse dentro de las políticas de salud destinadas a reducir el impacto del COVID-19.

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