Relación entre mortalidad de la población y tipo de alimentación

Publicado el 24 de noviembre de 2020


Alistair Senior y su equipo, de la Universidad de Sídney en Australia, han descubierto que el riesgo de muerte en las primeras etapas de la vida podría reducirse al mínimo cuando el suministro de grasas y proteínas es relativamente alto. Sin embargo, en etapas posteriores de la vida, la disminución del suministro de energía proveniente de las grasas y su sustitución por la proveniente de los carbohidratos es el principal cambio en la configuración que ofrecería una menor mortalidad.

En concreto, los autores de este trabajo, hallaron que el suministro calórico total por persona y día asociado a una mortalidad mínima se mantendría relativamente estable a lo largo de la vida, mientras la composición de la ingesta calórica en términos de proteínas, grasas y carbohidratos varía.

Antes de los 50 años de edad, la distribución en términos porcentuales que más minimiza el grado de mortalidad es aquella en la que entre el 40 y el 45 % de la energía total proviene de las grasas, otro 40-45 %  lo aportan los carbohidratos y el 16 % restante proviene de las proteínas.

En cambio, luego de los 50 años, un aporte del 22 % de la energía total suministrado por las grasas, otro del 11 % de la energía total suministrado por proteínas, y el resto, por carbohidratos, parecería estar asociado con una menor tasa de mortalidad.

Además, como podía preverse, esta investigación habría constatado que en las naciones más desfavorecidas, resultan evidentes la desnutrición y sus daños sobre la salud, mientras que en los países más acaudalados los efectos de la sobrealimentación son notables, destacando el consumo excesivo de grasas y carbohidratos que acarrean un aumento de la mortalidad. 

eLearning | Posgrados 2021