Carne roja, nuevas evidencias sugieren disminuir su consumo

Publicado el 10 de febrero de 2020


Hace pocos meses, una publicación científica generó ruido al interior de la academia y en el público en general: un grupo de expertos afirmaba que la reducción del consumo de carnes rojas y procesadas reportaba pocos o nulos beneficios a la salud. Así, sus conclusiones iban en contra de las extendida recomendación de limitar su consumo debido a las preocupaciones por su vínculo con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer​, entre otras. Ahora, un nuevo y amplio estudio refuerza la evidencia sobre esa asociación.

Comer dos porciones por semana de carne roja o carne procesada se relaciona con un riesgo del 3% al 7% mayor de enfermedad cardiovascular y un 3% mayor de todas las causas de muerte, según la investigación de la Northwestern Medicine y la Cornell University de Chicago que publica la revista JAMA.

"Es una pequeña diferencia, pero vale la pena intentar reducir la ingesta de carne roja y de carne procesada (como fiambres y embutidos) -advierte la autora principal del estudio, Norrina Allen, profesora asociada de Medicina Preventiva en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern-. El consumo de carne roja también está constantemente relacionado con otros problemas de salud como el cáncer."

La modificación de la ingesta de estos alimentos con proteínas animales puede ser una estrategia importante para ayudar a reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte prematura a nivel de la población", señala por su parte el autor principal del estudio, Victor Zhong, profesor asistente de Ciencias Nutricionales en Cornell.

Los hallazgos se difunden poco después del controvertido metaanálisis publicado en noviembre pasado que recomendaba no reducir la cantidad de carne roja y carne procesada que comen. "Todos interpretaron que estaba bien comer carne roja, pero no creo que eso sea lo que la ciencia respalda", advierte Allen.

"Nuestro estudio muestra que el vínculo con la enfermedad cardiovascular y la mortalidad es sólido", añade Zhong.

El nuevo estudio reunió una gran muestra diversa de seis cohortes, incluyó datos de seguimiento largos de hasta tres décadas, datos de dieta armonizados para reducir la heterogeneidad, ajustó un conjunto integral de factores de confusión y realizó múltiples análisis de sensibilidad. El estudio incluyó a 29.682 participantes (con una media de edad de 53,7 años al inicio del estudio). Los participantes informaron los datos de la dieta, a quienes se les pidió una larga lista de lo que comieron durante el año o mes anterior.

El estudio encontró también una asociación positiva entre la ingesta de aves de corral y la enfermedad cardiovascular, concretamente un riesgo 4% mayor de enfermedad cardiovascular para las personas que comieron dos porciones por semana, pero la evidencia hasta el momento no es suficiente para hacer una recomendación clara sobre la ingesta de aves de corral, admite Zhong. No obstante, como puede estar relacionado con el método de cocinar el pollo y el consumo de la piel en lugar de la carne de pollo en sí, no se recomienda el pollo frito.

No se halló, en cambio, asociación entre comer pescado y enfermedad cardiovascular o mortalidad.

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