Obesidad - Publicado el 16 de septiembre de 2021

El modelo carbohidrato-insulina podría explicar mejor la obesidad y el aumento de peso

El modelo carbohidrato-insulina podría explicar mejor la obesidad y el aumento de peso

Las Pautas Dietéticas para los Estadounidenses 2020 – 2025 del USDA señalan que la pérdida de peso “requiere que los adultos reduzcan la cantidad de calorías que obtienen de los alimentos y bebidas y aumenten la cantidad gastada a través de la actividad física”.

Este enfoque para el control del peso se apoya en el modelo centenario de equilibrio energético que establece que el aumento de peso se debe  a un mayor consumo de energía en relación al gasto de la misma.  Según el modelo de equilibrio energético, comer en exceso, junto con una actividad física insuficiente, estaría impulsando la epidemia de obesidad. 

Según los investigadores, el "modelo de equilibrio energético tendría fallos fundamentales, y no explicaría las causas biológicas del aumento de peso.

 “Durante un período de crecimiento acelerado, por ejemplo, los adolescentes pueden aumentar ingesta de alimentos en 1.000 calorías al día. Pero, ¿comer en exceso provoca el estirón o el estirón hace que el adolescente tenga hambre y coma en exceso? “, comenta el autor principal del estudio titulado “El modelo carbohidrato-insulina: una perspectiva fisiológica de la pandemia de obesidad”, el Dr. David Ludwig, endocrinólogo del Boston Children’s Hospital y profesor de la Harvard Medical School.

En contraste con el modelo de balance energético, el modelo de carbohidratos-insulina hace una afirmación audaz: comer en exceso no es la principal causa de la obesidad . En cambio, el modelo carbohidrato-insulina atribuiría gran parte responsabilidad a los patrones dietéticos modernos caracterizados por el consumo excesivo de alimentos con una alta carga glucémica: especialmente, carbohidratos procesados y de rápida digestión que desencadenarían una reacción carbohidrato-insulina que cambia el metabolismo de una manera que impulsa el almacenamiento de grasa y el aumento de peso en general.

"Cuando comemos hidratos de carbono altamente procesados, el cuerpo aumenta la secreción de insulina y suprime la secreción de glucagón. Esto, a su vez, indica a las células grasas que almacenen más calorías, dejando menos calorías disponibles para alimentar los músculos y otros tejidos metabólicamente activos", se lee en el comunicado de prensa de la revista científica. El cerebro percibe que el cuerpo no recibe suficiente energía, lo que, a su vez, conduce a una sensación de hambre. Al mismo tiempo, el metabolismo puede ralentizarse en un intento del cuerpo por conservar el combustible; la persona podría seguir teniendo hambre, aunque se siga ganando grasa en exceso.

Para entender la epidemia de obesidad, debemos tener en cuenta no solo cuánto comemos, sino también cómo los alimentos que ingerimos afectan a nuestras hormonas y a nuestro metabolismo. Con su afirmación de que todas las calorías son iguales para el cuerpo, el modelo de equilibrio energético pasa por alto esta pieza fundamental del rompecabezas.

Si bien el modelo carbohidrato-insulina no es nuevo, sus orígenes se remontan a principios del siglo XX; La perspectiva publicada es la formulación más completa de este modelo hasta la fecha, escrita por un equipo de 17 científicos, investigadores clínicos y expertos en salud pública reconocidos internacionalmente. 

La adopción de este modelo sobre el modelo de balance energético tiene implicaciones radicales para el control del peso y el tratamiento de la obesidad. En lugar de instar a las personas a comer menos, una estrategia que generalmente no funciona a largo plazo, el modelo carbohidrato-insulina sugiere otro camino que se centra más en lo que comemos.

"Reducir el consumo de los hidratos de carbono de rápida digestión, que inundaron la oferta de alimentos durante la época de las dietas bajas en grasas, disminuye el impulso subyacente de almacenar grasa corporal", y "como resultado, las personas pueden perder peso con menos hambre y lucha", concluye Ludwig.

Los autores reconocen que se necesita más investigación para probar de manera concluyente ambos modelos y, quizás, para generar nuevos modelos que se ajusten mejor a la evidencia.