La depresión y la ansiedad materna se asocia a dietas poco saludables para sus hijos

Publicado el 25 de noviembre de 2019


Tener síntomas de depresión o ansiedad podría estar afectando la forma en que las madres alimentan a sus hijos y podría contribuir a que los jóvenes desarrollen hábitos alimenticios poco saludables, según un nuevo estudio publicado en «Appetite».

Esto puede contribuir a que los jóvenes se nieguen a comer, lo que significa que entonces solo pueden comer una variedad limitada de alimentos, o comer en exceso, lo que puede conducirlos a tener sobrepeso u obesidad.

«El estrés y la ansiedad son muy reales para los padres y, a pesar de tener buenas intenciones, la presión para promover una dieta saludable y equilibrada todos los días puede ser abrumadora», señala la autora del informe, Emma Haycraft, profesora de la Universidad de Loughborough (Reino Unido).

«Si está estresada o ansiosa, es más probable que ceda ante las demandas de un niño por alimentos poco saludables», asegura.

La investigación encontró que cuando las madres experimentaban síntomas de ansiedad o depresión, tenían menos probabilidades de ser un buen modelo a seguir y comer alimentos saludables frente a sus hijos. También eran menos propensas a controlar o hacer un seguimiento de lo que come su hijo.

Ambas situaciones están relacionadas con la alimentación y el peso saludables de los niños y podría ser preocupante que las madres que experimentan, incluso niveles de ansiedad o depresión de leves a bajos, podrían no estar aplicando estos comportamientos de alimentación con sus hijos.

Se sabe que los primeros años son importantes para dar forma a las preferencias alimentarias de los niños y, por lo tanto, estas interacciones en torno a los alimentos y las comidas podrían tener importantes efectos a largo plazo para los niños.

El estudio examinó a 415 mujeres, con una edad promedio de 32 años, que tenían hijos de entre dos y cuatro años. Se pidió a las participantes que completaran dos cuestionarios completos.

El primero se centró en la alimentación infantil y analizó áreas que incluyen la enseñanza sobre nutrición, la participación de los niños en la preparación de la comida, un ambiente de alimentación saludable en el hogar y el uso de medidas de presión/ recompensa para que los niños coman.

Además, se solicitó a las madres que respondieran (en una escala de cinco puntos) a cuestiones como: Animo a mi hijo a comer una variedad de alimentos / Restrinjo la comida que come mi hijo que podría engordarlo / Le ofrezco sus comidas favoritas a cambio de buen comportamiento / Le muestro cuánto disfruto comiendo alimentos saludables/ Si mi hijo solo come una pequeña porción, trato de que coma más.

A los participantes se les dio una medida de los síntomas de ansiedad y depresión para completar, lo que dio una indicación de su salud mental.

«Ayudar a los niños a comer bien es un objetivo para muchos padres y, por lo tanto, estos hallazgos son importantes, ya que sugieren que algunas madres, que están con un estado de ánimo bajo o ansiedad, podrían tener más dificultades para aplicar las prácticas de alimentación que sabemos que puede ayudar a promover hábitos alimenticios saludables en los niños», afirma Haycraft.

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