Los alimentos de origen animal, el alcohol y el azúcar se asociarían con un microbioma intestinal inflamatorio

Publicado el 27 de abril de 2021


La variedad y el volumen de bacterias afecta directamente al equilibrio de las respuestas pro y antiinflamatorias en el intestino. Este ecosistema también afecta a la inmunidad sistémica y un desequilibrio se encuentra involucrado en un número creciente de afecciones inflamatorias, como diabetes, artritis, enfermedades cardíacas y lupus eritematoso sistémico.

Los investigadores analizaron la interacción entre la dieta habitual, la microbiota intestinal y la inflamación intestinal en 1.425 personas con enfermedad intestinal inflamatoria (enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa; 331); síndrome del intestino irritable (223); o un intestino normal (871). 

Cada persona proporcionó una muestra de heces para el análisis microbiano y rellenó un Cuestionario de Frecuencia Alimentaria (FFQ) para cuantificar la ingesta media diaria de nutrientes. Los alimentos específicos se agruparon en 25 grupos de alimentos medidos en gramos por día.

El estudio reveló 38 asociaciones entre la ingesta alimentaria y grupos específicos de bacterias. Es más, 61 alimentos y nutrientes se asociaron con 61 especies de bacterias y 249 procesos metabólicos.

Los procesados y derivados de animales se habrían relacionado sistemáticamente con un mayor volumen relativo de especies bacterianas “oportunistas”, incluidas ciertas bacterias pertenecientes a Firmicutes y Ruminococcus sp, y con una actividad proinflamatoria. Por el contrario, los alimentos vegetales y el pescado, se habrían asociado con especies bacterianas “amistosas” involucradas en la actividad antiinflamatoria. Tanto el consumo de frutos secos como de pescado azul, frutas, verduras y cereales se habría relacionado con una mayor abundancia de bacterias, como Faecalibacterium sp, que producen ácidos grasos de cadena corta: a controlar la inflamación y a proteger la integridad de las células que recubren el intestino.

Los investigadores también relacionaron el consumo de bebidas alcohólicas, aunque no de vino tinto, y azúcar con bacterias proinflamatorias.

Según los datos analizados, el consumo de café también se habría asociado a una mayor abundancia relativa de Oscillibacter sp, mientras que los productos lácteos fermentados, como el suero de leche y el yogur, se habrían asociado fuertemente a bacterias antiinflamatorias, como Bifidobacterium, Lactobacillus y Enterococcus sp.

Por otro lado, la ingesta de comida rápida compuesta por carnes, papas fritas, mayonesa y refrescos se habría asociado con un grupo de bacterias “poco amistosas” Clostridium bolteae, Coprobacillus y Lachnospiraceae en todos los sujetos que participaron del estudio.

Los investigadores señalan que en ausencia de fibra, estas bacterias se dirigen a la capa de mucosa del intestino para alimentarse, lo que conduce a una erosión de la integridad del intestino.

Estos patrones se habrían observado en todos los grupos de sujetos participantes en la investigación, lo que sugiere solapamientos en la dieta y la señalización del microbioma intestinal entre las personas sanas y las que padecen la enfermedad inflamatoria intestinal o el síndrome del intestino irritable, sugieren los investigadores.

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