¿Podría una dieta saludable reducir el riesgo de Parkinson?

Publicado el 25 de agosto de 2020


Desde la década de 1980, 47.679 personas de mediana edad participaron en un estudio en el que se les preguntó sobre su dieta cada cuatro años. En 2012, se les preguntó además a estos mismos sujetos, si padecían alguno de los síntomas comunes en las personas que luego son diagnosticadas con la enfermedad de Parkinson: estreñimiento y trastorno de movimientos oculares rápidos durante el sueño.

En el trastorno del comportamiento del sueño de movimientos oculares rápidos, las personas representan los movimientos del sueño mediante movimientos como agitar los brazos o gritar.

En 2014-2015, se preguntó a 17.400 de los participantes del estudio sobre cinco síntomas más que podrían preceder a la enfermedad: pérdida del sentido del olfato, alteración de la visión del color, somnolencia diurna excesiva, dolor corporal y depresión.

Con esta información, los investigadores pudieron hacer seguimiento de las dietas de los participantes en el estudio. De esta forma, pudieron identificar aquellas que más se apegaron al índice de alimentación saludable alternativa o a la mediterránea alternativa, que se asemeja a la dieta mediterránea pero únicamente incluye granos integrales y carece de lácteos.

Cabe destacar que ambas dietas fomentan el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y legumbres, desalentando el consumo de carnes rojas.

Los investigadores dividieron a los participantes en cinco grupos, dependiendo de la adherencia a dichas dietas, y además tuvieron en cuenta factores que podrían afectar el riesgo de desarrollar estos síntomas precedentes, como la actividad física, el tabaquismo y el índice de masa corporal (IMC).

De esta forma, habrían encontrado que las personas con mayor apego a ellas tenían menos probabilidades de tener tres o más síntomas precedentes de la enfermedad de Parkinson comparadas con las que menos se adhirieron. Las primeras tenían una probabilidad 33% menor de tener tres o más síntomas que los del grupo de baja adherencia.

37 % de las mujeres del grupo de baja adherencia a la dieta informaba tener estreñimiento, en comparación con el 32 % del grupo de alta adherencia. Entre las 11.493 mujeres con todos los síntomas no motores medidos, el 15 % del grupo de baja adherencia a la dieta tenía dolor corporal, mientras que solo el 13 %  de las del grupo de alta adherencia lo tenía. En el caso de los hombres, los resultados fueron similares.

De manera similar, encontraron habrían encontrado una fuerte relación entre seguir el patrón de dieta del Índice Alternativo de Alimentación Saludable y la reducción de riesgo de presentar tres o más de estos síntomas no motores.

Debe contemplarse que se está hablando de síntomas que también están asociados a otras enfermedades, por lo que la autora del estudio, Samantha Molsberry, Ph.D., de la Universidad de Harvard en Boston, Massachusetts, subrayó que experimentar uno o varios de los síntomas mencionados no necesariamente implica un riesgo de Parkinson.

“Necesitamos enfatizar que, si bien estos síntomas están asociados con un mayor riesgo de enfermedad de Parkinson, especialmente en combinación, experimentar alguno o varios de estos síntomas no significa necesariamente que una persona eventualmente desarrollará la enfermedad de Parkinson”.

Por ahora, esta investigación no demuestra una relación causal, pero sí nos da una razón más para mejorar nuestra alimentación incluyendo más verduras, nueces y legumbres en su dieta.

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