El cambio climático aumenta la exposición humana al mercurio del pescado

Publicado el 07 de agosto de 2019


A los muchos efectos que el cambio climático o calentamiento global, llámelo como prefiera, está teniendo en la vida del ser humano agréguele ahora uno nuevo: el calentamiento de los océanos está provocando un aumento del metilmercurio neurotóxico nocivo en algunos de los pescados más ingeridos, como el bacalao, el atún rojo del Atlántico y el pez espada. Lo acaba de ver una investigación que se publica en «Nature» dirigida por Harvard John A. Paulson, de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (EE.UU.)

A través de un innovador modelo integral, los investigadores han simulado cómo los factores ambientales, incluido el aumento de la temperatura del mar y la sobrepesca, afectan los niveles de mercurio en los peces. Así, encontraron que, si bien la regulación de las emisiones de mercurio ha reducido con éxito los niveles de metilmercurio en los peces en los últimos años, las altas temperaturas están haciendo que dichos niveles vuelvan a subir y desempeñarán un papel importante en los niveles de metilmercurio de la vida marina, en el futuro.

En general, estos metales suelen afectar al sistema nervioso, pero siempre y cuando se alcancen unos límites por encima de los valores considerados como normales. Para ello, las agencias de seguridad alimentaria nacional (AESAN) y europea (EFSA), americana (FDA) entre otras, establecen unos límites tolerables semanales por debajo de los cuales se considera segura la ingesta. El límite semanal tolerable establecido para el mercurio es de 96 microgramos por semana.

Sin embargo, algunos estudios epidemiológicos han demostrado que el consumo habitual de cierto tipo de pescado supone un riesgo para el desarrollo cerebral de fetos y niños, lo que indica que se debería revisar los niveles actualmente tolerados. También se ha relacionado el consumo de pescado o marisco con altos niveles de mercurio con un mayor riesgo de padecer esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o infarto.