La malnutrición infantil como consecuencia de la pandemia por covid

Publicado el 24 de diciembre de 2020


El análisis fue elaborado por el consorcio STfN, un grupo de expertos internacionales representantes de 35 organizaciones que trabajan por la nutrición. En el mismo se estima que 168.000 menores de cinco años podrían morir en el mundo entre 2020 y 2022 debido a la creciente malnutrición infantil como consecuencia de la pandemia y de un menor acceso a los servicios básicos de nutrición.

La directora ejecutiva del Foro de Micronutrientes, Saskia Osendarp, señaló que, si no se toman medidas, la crisis provocada por el coronavirus podría derivar en una "crisis de nutrición en países de bajos y medianos ingresos", particularmente en el sur de Asia y África subsahariana.

Se estima que la pandemia podría inflar las cifras de desnutrición infantil en otros 9,3 millones de niños con un peso menor al correspondiente para su altura y otros 2,6 millones con problemas de crecimiento.

El documento indica además, que el número de mujeres embarazadas que sufre anemia podría incrementarse en 2,1 millones en el mundo hasta 2022, en comparación con 2019.

La pérdida de productividad como efecto de la desnutrición infantil derivada de la covid-19 podría ascender a cerca de 30.000 millones de dólares, a lo que podrían sumarse otros 79 millones por los nuevos casos de anemia durante el embarazo en el periodo 2020-2022.

Según comenta Osendarp, "el acceso y la disponibilidad de alimentos nutritivos será un desafío porque los precios subirán, los mercados pueden verse interrumpidos, los ingresos pueden caer y los más vulnerables tendrán menos comida nutritiva".

La directora del Foro de Micronutrientes, una organización internacional creada en 2006, pone el foco en la carencia de micronutrientes como el hierro, el cinc o las vitaminas A y D. Estas carencias, se conocen como "hambre oculta" puesto que "no se ven inmediatamente".

No existe una única solución a este problema. Se requieren múltiples medidas como el fomento de los suplementos nutricionales y los cultivos biofortificados en ciertos contextos, y la lactancia materna y las dietas saludables en general. Para ello son necesarias mayores inversiones, que ya faltaban antes de la pandemia, cuando -según Osendarp- "el mundo tampoco estaba en condiciones de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible", que incluyen la erradicación del hambre y todas las formas de malnutrición para 2030.

Según el análisis, durante los próximos dos años deberían invertirse al menos 1.200 millones de dólares anuales a fin de mitigar el impacto del coronavirus sobre la malnutrición, sin contar los 7.000 millones de dólares anuales más de gasto requeridos para alcanzar los objetivos en nutrición materno-infantil para 2025.

Lamentablemente se espera, que a raíz de la crisis, el gasto doméstico y la ayuda al desarrollo destinados a la nutrición desciendan en los próximos años y no logren recuperar los niveles anteriores hasta finales de la década.

Es necesario que las medidas que se implementen estén basadas en los datos y las evidencias, aunque no siempre es posible,  dado que muchos países no disponen de información sobre el nivel de los micronutrientes en su población.

Con el objetivo de lograr mayores recursos, gobiernos y organizaciones internacionales participaron recientemente del lanzamiento del Año de acción en favor de una "nutrición para el crecimiento".

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